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REDRUM – Inés Vargas


Con la excusa de Halloween, hoy debería hablaros de una película de miedo. Sabed -para vuestra tranquilidad- que eso es exactamente lo que pretendo hacer.

Sin embargo, cuando yo hablo de “películas de miedo”, es muy posible que tú estés pensando en algo muy distinto a lo que yo quiero decir.

Aunque todas se definen como “películas de miedo” las hay que dan susto y las hay que dan terror. Las primeras son un gran ejercicio cardíaco -y es que te mantienen al borde del infarto hasta el último minuto- y las segundas no se pueden ver sin una buena manta a prueba de escalofríos: no necesitan ser demasiado intensas para ponerte los pelos como escarpias. De hecho se caracterizan por ser muy espeluznantes y a veces un poco desagradables (si no son muy buenas pueden rozar el mal gusto). El primer miedo es más físico, casi tangible, y se olvida rápidamente. El segundo es mucho más profundo y se adhiere a tu subconsciente hasta el punto de que, meses después, el recuerdo de una escena te puede procurar una agradable noche en vela.

Yo considero haber visto películas de ambos tipos, y puedo concluir de forma tajante y absoluta que me dan mucho más miedo las segundas. Aunque esto no es así con todo el mundo. Conozco a una pasmosa cantidad de personas que han visto las películas “Insidious” y “The Ring (La Señal)” y que aún se ríen al recordar la segunda, pero no se atreven a volver a ver la primera. Yo también he visto las dos, y jamás he pasado tan poco miedo con una película de miedo como con “Insidious”. Sin embargo, prefiero no hablar de “The Ring”.

Sorprendentemente, hay una película que parece afectar a todos por igual, -y con razón- probablemente pensarás si la has visto. Estoy hablando de “El Resplandor (The Shining)” de nuestro amigo Stanley Kubrick.

Esa película da miedo. De verdad. Sin categorías inútiles ni justificaciones racionales. Simplemente da miedo.

Para empezar, la historia es terrorífica. Incluso “los Simpsons” hicieron una versión, y seguía dando miedo.

No es tan sorprendente si sabemos que está basada en la novela de mismo nombre escrita por Stephen King. No he leído el libro y, sinceramente, no creo que pueda hacer acopio de valor ni para ojear los agradecimientos. (El hecho cierto es que he visto a hombres muy serios, loables y mesurados sudar de puro miedo al recordar esta novela, así que nos ceñiremos a la -terrorífica pero llevadera- película).

 

Sin duda, lo que todos recuerdan es la extraordinaria interpretación de los actores. Especialmente la de Jack Nicholson, que ha creado casi un icono de la locura con la cara de psicópata más terrorífica que he visto.

Lo que nadie olvida, es el doblaje. Lo único que, por desgracia, desentona en una obra tan extraordinaria. Es tan malo que merece la pena verla en versión original aunque necesites activar los subtítulos para seguir el diálogo.

 

A pesar de esta nota de discordia la película cumple su cometido de forma sobresaliente, y por eso se merece 8’5 patatas de 10.

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La D es muda, paleto. – Los sábados de Inés


Django_desencadenado-290414411-largeParece mentira que yo, que os acusé a todos de ser cobardes en mi última entrada, esté ahora temblando de miedo ante la idea de publicar esta entrada, y todo porque se me ha ocurrido la fantástica idea de hablar sobre la última película de Tarantino: Django desencadenado. Y es que cuando se trata de Tarantino parecen existir dos opiniones posibles: o lo idolatras o lo detestas. Así es como parece que funcionan las cosas, pero siendo de esta manera, ¿Como se supone que voy a hacer una crítica?

En fin, aguantadme (y aguantaos).

 

Django desencadenado dura casi tres horas; exactamente 165 minutos. Y, por si alguien no se ha parado a pensarlo, eso es mucho tiempo. Yo intentaré ser más breve:

 

El principio es estupendo. No soy muy fan de los spoilers, así que os ahorraré el momento narrativo: simplemente empieza bien, y sigue bastante bien hasta el final.

Sin duda la película no sería nada sin el personaje -supuestamente secundario, aunque muy protagonista- del doctor Schulz. Está interpretado por el actor Christoph Waltz, uno de los favoritos -con razón- de Tarantino. Es un personaje muy bien construido y con suficiente carisma como para no olvidarlo. Ni a él ni a su caballo.

La actuación de Leonardo DiCaprio también es digna de ser mencionada, porque, aunque no sea ninguna sorpresa, lo borda. Lo mismo ocurre con Samuel L. Jackson, el cuál ya protagonizó Pulp Fiction, dejándonos algunas frases inolvidables, y que esta vez hace un papel más secundario, pero igual de inolvidable.

Pero si hay algo que de verdad haga que las tres horas merezcan la pena es el guión. Tarantino siempre ha sabido hacer algo bien, y esto es no ser políticamente correcto (ni se sabe cuantas veces se dice la palabra “nigger” en la película), y sobre todo no pretende dejar contentos a todos. Y eso es lo mejor. “Django desencadenado” es una película descerebrada, pero sólo en apariencia, de la misma forma que “Malditos bastardos”. Ambos tratan los temas más espinosos de la historia de la humanidad, y Tarantino los narra con la mayor irreverencia. De lo más estimulante.

Un punto interesante es la -pintoresca- música de la película. Tarantino se la jugó con los anacronismos, y creo que no ha salido mal parado. Aunque resulta un poco chocante escuchar rap en un Western, le da una nota de discordia a la situación que acaba por lograr que la música encaje en la escena.

Hasta aquí todo bien, pero para los que no sean muy amigos de la violencia gratuita, con saber que la película es de Tarantino, seguramente ni se lo piensen dos veces. Así es: parece imposible imaginar una película de Tarantino en la que no haya sangre y tripas volando por los aires. No os voy a engañar, como marca de la casa esto no podía faltar, y de hecho no falta, pero en algunos momentos da la impresión de que se está intentando controlar. En cualquier caso, es algo que se asume cuando el director es nuestro estimado Quentin.

La última media hora de la película resulta un poco más predecible y prescindible, pero merece la pena, y por eso se lleva 39 patas de 50, que viene a ser un 8 sobre 10.

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No hay dos sin tres -Salva


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Seguramente, cuando oímos hablar de “segundas partes”, pensamos en películas que, aprovechando el tirón de las primeras, sacan algo que hacen llamar la ‘continuación’. Todo sea por estirar el chicle, vamos. Parece algo nuevo en el mundo del cine, pero lo cierto es que esta estrategia lleva ya sus años llenando los bolsillos de directores ambiciosos.

Sin embargo, no todas tienen por qué ser malas o mediocres. Hoy, por ejemplo hablaré de El Padrino II y, poniendo ya un ejemplo de terceras y horribles partes, El Padrino III -son películas más bien viejillas-.

Bien, si vemos El Padrino…. ¡oh! Solo decirlo ya impone, aquello sí que fue una película en condiciones. El Padrino II… ¡gran película! Aquella trama, perfectamente encajada, compleja, retorcida como la mafia misma. Los Corleone podrían ser tan reales como cualquiera de las familias que gobernaban Nueva York y Las Vegas en aquellos melancólicos 40, 50, 60… Eran tiempos buenos, de tiroteos en el Bronx, droga ilegal pasando por el puerto hacia los colegios y el imperio del juego emigrando a tierras lejanas. La historia habla del ciclo de la vida misma: hoy en lo más alto, mañana al borde del precipicio, pasado abajo. Todo contextualizado, por supuesto, dentro de ese ambiente siciliano que invadía las tradiciones y hasta el lenguaje de los protagonistas. ¡Pobre Kay, esa yanqui intentando encajar en el impenetrable universo aromatizado del inmigrante italiano! Ya te lo advirtieron, “no te metas en mis asuntos, Kay.” Las cintas están llenas de frases para el recuerdo, de consejos para la vida -bueno, para una vida de dudosa reputación-, como esa sabia respuesta de DON Vito, “mantén a tus amigos cerca, pero a tus enemigos aún más cerca”. ¡Qué grande!

Y sin embargo, llegamos a El Padrino III, esa gran, gran m****a. Cuando la veo, siempre me pregunto: ¿por qué? ¿POR QUÉ? ¿En serio era necesario? La primera y la segunda eran perfectas, perfectamente unidas y encajadas, pero la tercera… Todavía no sé muy bien “de qué va”. “Como ya no había nada que contar sobre los Corleone, hablemos sobre su infancia”, debieron pensar los guionistas. Y así nació esta aberración cinematográfica que nunca debió haber visto la luz del día. Eso si, hay una cosa, una única cosa con la que me quedo de esta gran basura, una de las mejores escenas de las tres películas -una aguja en un pajar, visto lo visto-, ese épico final. (SPOILER) La salida de la ópera, el disparo, el grito de dolor, sentido, real, casi conmovedor, ese grito cierra una saga que podría haber acabado veinte años antes. Probablemente Michael gritó así al ver lo que habían hecho con su historia, probablemente…

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Las excepciones que refutan la regla – Álvaro Vidal


Y  Dios se aproximó a Moisés y le dijo <<Ah y se olvidaba, añade a pie de página (o de tabla de la ley mejor dicho) “11:Y Las segundas partes nunca serán buenas”>>

¿Qué por qué empiezo la entrada así?

Simple, por dos razones. La primera es que mucha gente tiene esa frase por mandamiento, por obligación, por una ley del universo. Sí, hablo de esas personas que cuando se estrena una secuela, antes si quiera de ver el tráiler, argumentan que no la verán porque “no merece la pena, nunca será tan buena como la original”. Por un lado, las secuelas se han ganado en cierto modo esta mala reputación, gracias a multitud de segundas partes completamente innecesarias y absurdas, como S.Darko o American Psycho 2, pero por otro lado no podemos generalizar. La segunda razón es casi una consecuencia de la primera, y es que algunos productores, directores y guionistas, a la hora de hacer la secuela, se ven condicionados por estas personas, y claro, creen que la manera de sorprenderlas será haciendo un derroche de dinero: , más persecuciones, más disparos, CGI por un tubo, algo que al fin y al cabo es ruido: una película pretenciosa pero vacía. Con lo cual acaban paradójicamente, cumpliendo la “regla” de que las secuelas son basura. Y como “regla”, hay excepciones que la confirman o en este caso, más bien rebaten.

Así que aquí tenéis 3 ejemplos que tiran por la borda la regla. No digo que sean las mejores secuelas (¿quién soy yo para decir eso?) de hecho ni siquiera son las que yo pienso que sean las mejores, pero son tres que realmente me gustan, y aunque estén numeradas, no están  de mejor a peor, era solo para llevar un orden. Y sin más dilación:

3-El Silencio de los Corderos

“¿Han dejado ya de llorar los corderos, Clarice? “el silencio de los corderos

Aquí puede que me haya ido más al clásico, pero me da igual, quería mencionarlo. En este caso, no puedo decir si es mejor que su original o no, porque no la he visto,( sinceramente, ¿quién sabía que había una película antes que esta?) pero estamos aquí para rebatir el mito de que las segundas partes son malas. La película no es complicadísima pero si que conviene verla con tranquilidad (bueno tranquilidad dentro de lo que cabe, porque al verla vas a estar del todo menos tranquilo…A no ser que te llames Hannibal Lecter) porque la primera vez que yo la vi la juzgué mal erróneamente, principalmente porque no la había entendido. O mejor, no sabía que no la había entendido. No voy a ponerme a hacer spoilers aquí a lo loco, pero he de decir que una de las cosas que no entendí fue el título. Y sin embargo, la segunda vez que la vi -¡magia!- todo cobró sentido (Si alguno no lo ha entendido aún, es que no ha entendido la película) Y ya sé que será un cliché alabar los diálogos entre Clarice y Hannibal, pero es que realmente son geniales.

2.Batman Returns

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“PERO SI DECÍAS QUE NO IBAS A HABLAR DE BATMAN”  dirán algunos, y se equivocan. Dije del Caballero Oscuro, pero no de Batman Returns, JA. ¿Que por qué me parece destacable? Porque en esta película, Burton hizo algo bien, muy bien, unir a varios villanos en una película, sin hacerla más débil o peor que las anteriores. Gotham es caracterizada como una ciudad sin esperanza, de una manera muy burtoniana pero esta vez a un nivel superior, ya traspasa lo gótico. Y quizás lo más destacable sea el trasfondo psicológico de los personajes, Batman ya se perfila como alguien real, un héroe humano, debido a sus traumas y a su doble vida, el Pingüino, un ser deforme que ha sido torturado toda su vida, y Catwoman, una mujer que no suelta su pasado y se consume a sí misma y a los demás por no haber logrado convertirse en la mujer fuerte que quiso ser. Y además tenía banda sonora de Danny Elfman y un ejercito de pingüinos, PINGÜINOS. Y ni con esto consiguió contentar al púbico, un público que la despreció como a los villanos de la misma, por no haber sido tan “rápida y entretenida” como la anterior. Que no lo fue, pero ¿he dicho ya que tenía pingüinos?

1.American Horror Story: Asylum

AHS: poster

¿Cómo superas a pirómanos, cirujanos dementes, Jessica Lange actuando de vecina siniestra, fantasmas, una casa terrorífica y criadas con conductas sexuales cuestionables? A Ryan Murphy y Brad Falchuk les debió de parecer fácil: con asesinos sanguinarios, doctores dementes, Jessica Lange actuando como una autoritaria monja, aliens, un manicomio terrorífico y…¡monjas con conductas sexuales cuestionables!. Una serie con un guión muy enrevesado, unos actores espeluznantemente buenos, y una producción brutal… Y lo mejor de todo: este miércoles es el estreno de la tercera temporada: AHS: Coven. Estamos deseando ver si superará a la segunda, algo difícil pero que a juzgar por las promos que han emitido estos días, parece posible.

 

 

Y hasta aquí mi entrada de hoy, mi primera entrada de la SEGUNDA temporada de LPL otro claro ejemplo de que las segundas partes no están tan mal. Eh, pero antes de irte, no olvides de suscribirte al blog, comentar las entradas, votarnos para los premios bitácoras entrando aquí y porqué no de responder a esta pregunta, en los comentarios o en la encuesta, ¿cuáles son tus secuelas favoritas? 

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Segundas partes nunca fueron buenas… ¡O casi nunca!


“Segundas partes”: me parece un tema genial para comenzar la patata de este año; Muchos sabréis que el año pasado estuvimos iniciándonos en esto de la crítica, y como Primera entrada oficial del Segundo Año de la Patata Letrada, puedo aseguraros que aquello de “segundas partes nunca fueron buenas”, va a brillar por su ausencia… Porque las segundas partes siempre, siempre, son maravillosas, y nuestro blog (original en sus ideas, redactores y contenidos) no iba a ser menos!

Lo primero que tenéis que conocer de mi (ya que cada lunes os revelaré algo diferente) es, obviamente y sin lugar a dudas, mi película favorita. La que casualmente resulta el paradigma de las buenas Segundas Partes… una segunda parte arrolladora, de genialidad exultante, llena de filosofía y ética; una película comprometida con los espectadores, de magníficas interpretaciones y guión espectacular: si, es una segunda parte, si es de Nolan, y si, es Batman y el Caballero Oscuro.

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Seguro que algunos dirán: “Pero si la primera es muy buena. Y la tercera también… no tiene nada de especial, todas son geniales porque Batman es un pasote…” (con voz de adolescente obeso viendo la tele). Decir semejante sandez no tiene perdón. Porque se trata de una obra de arte del cómic, un antes y un después en la historia del superhéroe. El problema moral que se le plantea al todopoderoso, cuando cree que ya no es necesario, o mucho peor, que ni el es capaz de parar al mal ya… Es realmente agotador! ¿Cómo es posible que un multimillonario, dueño de Industrias Wayne, que tiene el departamento de CC aplicadas más grande de EEUU, que puede volar con una capa haciendo salto base y a la vez registrar por satélite los móviles de la ciudad para saber a donde va, se vea comprometido emocionalmente de esa manera?

Esta película, esta segunda parte tiene algo especial… Porque es la primera vez que se atreven en la industria DC Comics a desenmascarar al propio héroe y nos arrebata esa sensación de invencibilidad que teníamos acerca de el, y nos demuestra que uno no sabe vivir sin el otro, y que se necesita al malo para que exista el bueno… Y nos muestran que es débil, y que no siempre gana. En realidad es algo que ya presupones, pero que duele mucho cuando te lo dicen, así, abiertamente. Como cuando te dicen lo de los reyes magos: lo intuías, pero es horrible.

Nada más que decir de esta gran película; que la tenéis que ver todos, que es una segunda parte sin precedentes, y que tiene un trasfondo que incluso cuesta pillar la primera vez que la ves.

MITO FALSO: Segundas partes nunca fueron buenas

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Unos zombis animados – Paula Magrinya


Me puedo considerar una gran fan de Tim Burton, he amado casi todas sus películas, incluso las más macabras como Bitelchús o Sweeney Todd. Pero me imagino que más de uno estará de acuerdo conmigo en que la última película que produjo, ” Lincoln, cazador de vampiros” y la última que dirigió “Sombras tenebrosas” , estaban echas por hacer e incluso en mi opinión, parecía que ni Burton había estado el día del rodaje.

Estaba a punto de perder mi fe en Tim hasta que se estrenó su nueva película de animación basada en uno de sus primeros cortos, Frankenweenie, la historia de un niño que resucita a su perro al modo Victor Frankenstein. Las películas de animación de Tim Burton siempre me han encantado, es sorprendente lo bien hechos que están los dibujos de los personajes, que aunque muchas veces no tienen el cuerpo de un humano, las expresiones en sus caras muestran su lado más sensible. En Frankenweenie esto no iba a ser distinto, aunque en este caso los personajes más maravillosos son los secundarios; la niña apodada “la chica rara” y Toshiaki son, sin duda, mis preferidos. A parte de los personajes, Frankenweenie es muy entretenida, de esas películas para ver en tu casa un día que no tienes nada que hacer.
Los curiosos personajes de Frankenweenie

Los curiosos personajes de Frankenweenie

No quería terminar esta crítica sin hablar de “Pesadilla antes de navidad” (Que aunque no esté dirigida por él, la idea sí que fue suya) o “La novia cadáver”; unos musicales animados que con ese aire siniestro me cautivan desde el minuto uno al noventa. Siempre con el tema de la vida después de la muerte ya sea mediante zombis, brujas, fantasmas o esqueletos, son unas películas que de verdad merecen la pena y que además tienen ese toque de humor mezclado con una pizca de tragedia, que puede que a algunos les saque una lagrimilla al final de la película.

PD: yo llore con Frankenweenie.

PD2: Aún así tengo una duda, ¿por qué la película se llama Frankenweenie? El perro se llama Sparky, y el niño Víctor, además, no mencionan esa palabra en toda la película…Si crees que sabes por qué se llama así, ¡deja tu respuesta en los comentarios!
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Un fenómeno de descerebrados – Inés Vargas


No resulta difícil darse cuenta de que estamos viviendo los años dorados del género zombi, o subgénero, o tema, o como queramos llamarle.

Podríamos echarle la culpa a Crepúsculo, que ha convertido a los vampiros en seres ciertamente afeminados y cubiertos de purpurina, de forma que ahora necesitamos otro monstruo.

Sin embargo el género zombi se remonta más allá de la aparición de los Cullen. Uno de los puntos a favor de este género es que se alimenta de la posibilidad. La mayoría de apocalipsis zombis surgen a partir de la infección de un virus o se basan en la experimentación genética. Son dos ideas que no podemos descartar totalmente en el mundo que vivimos, y, aunque no nos lo llegamos a creer por completo, tampoco podemos tranquilizarnos con la certeza de que no puede pasar.

Además es un género que da mucho juego. Literalmente. Y es que se adapta muy bien a lo lúdico, así que no es de extrañar que no paren de surgir videojuegos ambientados en la apocalipsis zombi, desde el anciano Resident Evil, que, si no me equivoco, data de 1996, hasta el flamante “The last of us”, pasando por el simpático juego “Plantas vs Zombies”.

Está claro que las películas de zombis se prestan mucho al juego. De hecho en muchas de ellas encontramos secuencias de acción que parecen sacadas de uno de estos videojuegos, y casi parece que los personajes también lo agradecen. Esto les abre la posibilidad de divertirse en una situación de apocalipsis, absolutamente adversa.

Dejando a parte ñoñerías sobre lo divertido que resulta acabar cubierto de sangre zombi y bla bla bla, estos seres no dejan de ser aterradores. ¿Por qué? Porque son muchos. Esta es una de las grandes diferencias entre los zombis y el resto de los monstruos. Fue el éxito de la novela “Soy leyenda” el que supuso este cambio: el que estaba sólo era el humano, no el monstruo aterrorizando a los hombres. Es decir, su poder es la colectividad. Un sólo zombie no supone una gran amenaza, y de hecho, individualmente, resultan seres bastante patéticos. Eso sí, cuando se juntan unos cuantos, probablemente acabes uniéndote a ellos. Estamos hablando de seres que atentan contra la sociedad,
contra la civilización como la conocemos.

¿Qué pasa? ¿Por qué me miráis todos?

¿Qué pasa? ¿Por qué me miráis todos?

Nos encontramos en un mundo en el que tener lo es todo; tener belleza, tener dinero, tener inteligencia, tener tener tener…y de repente te encuentras con una horda que no tiene nada, que no le interesa nada y que amenaza con esta forma de vida. Con esto surge una paradoja; los zombis se rebelan y se convierten en el punto de partida de una revolución sobre los paradigmas y sistemas establecidos.

Desde cierto punto de vista los zombis son seres con una libertad plena. Sus acciones no se mueven bajo ningún interés concreto, dejando a un lado sus necesidades alimenticias. Podríamos decir que la imagen de zombi se aleja de las clasificaciones que sufren otros monstruos, es decir, no podemos decir que sirvan al bien ni al mal. Son seres incorruptibles. Quizás estén corruptos físicamente, pero no moralmente. Mirándolo así, quizá sea mejor encontrarse frente a un zombi que frente a un político, un juez, un diputado, y, dejando a un lado los prejuicios ante dichas profesiones, esencialmente, cualquiera. Por eso esta imagen del zombi pone en duda de alguna forma lo que nos hace humanos.

Sin embargo, de nuevo gracias a “Soy leyenda”, aparece otra idea totalmente distinta de lo que son los zombis. Tanto en la película como en el libro (aunque en este último los seres se asemejaban más a vampiros que a zombies), se plantea la pregunta: ¿y si el zombie no fuera un monstruo, sino un modo distinto de ser humano? Ya no los miramos desde arriba, sino desde la misma altura, aunque ellos nos van ganando por goleada.

En cualquier caso, no quiero aburriros con más tonterías acerca de lo que son los zombis, y sobre todo, quiero evitar meterme en algo más filosófico, así que, en resumen: podemos encontrar montones de películas, videojuegos, cómics y menos novelas sobre el tema de los zombis. En general todas se basan en la misma trama: tenemos un personaje central que sabemos que por lo menos va durar hasta casi el final de la historia, que es una persona común y corriente, o casi común y corriente, que por cuestiones de azar o por su inteligencia, consigue ir sorteando los peligros de los zombis. Y ya dentro del esquema de supervivencia encontramos la comedia romántica, la novela de aventuras…De todas formas destacan algunas obras dentro del género: ya he mencionado “Soy leyenda”, pero también me parecen bastante recomendables los cómics de “The Walking Dead”, y la serie basada en estos cómics también resulta digna.

Así que, ¿por qué no? Les doy cinco patatas a las tres.