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Verdades no, por favor – Paula Magrinya


¿Cómo os imagináis un mundo perfecto? ¿Uno sin gente malvada? ¿Uno sin dinero? ¿Uno sin normas? ¿Uno sin beliebers? Y ¿qué tal de un mundo en el que nadie puede mentir ¿Os lo imagináis?
La película Increíble pero falso de Ricky Gervais y Matthew Robinson cuenta la historia de un mundo donde no existe la mentira, hasta que Mark Bellison dice la primera mentira de toda la historia. En mi opinión, la película no va más allá que una simple comedia, excepto por la publicidad de productos en la misma película, ¿Os imagináis cómo es el slogan de Pepsi en un mundo que no se puede mentir?: “PEPSI, para cuando no se tiene Coca Cola”. Además las películas, que presentan en los cines de este mundo, son narradores que narran capítulos de historia porque todo lo que va mas allá de la historia es fantasía, imaginación, es decir, una mentira.
El origen de la religión aparece también en esta película y es tratado como una gran mentira surgida del miedo, y la superficialidad del ser humano es tratada con gran crueldad así que para la próxima vez que quiera dar calabazas a alguien le diré “Es que no quiero tener hijos gorditos con la nariz respingona”.
La película es muy divertida, los actores lo hacen muy bien y tiene un cierto aire al Show de Truman. El único inconveniente es que un mundo en el que se dice la verdad no es lo mismo que un mundo en el que se dice todo lo que se piensa, y es algo que los directores no han tenido mucho en cuenta… además de que el único personaje que no dice lo que piensa en un afán de los directores para hacerle más misterioso, es el personaje protagonista.
Un mundo en el que nadie miente deja mucho que desear… sinceramente me quedo con la opción de uno sin beliebers.

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Las mujeres perfectas – Irene Juste


Esta película de la increíble Nicole Kidman me llamó la atención desde un principio por su título, así que, después de leer la sinopsis, me decidí a verla. En ella se trata un tema que a mí me interesa mucho: el machismo.
Una exitosa mujer de negocios (Nicole Kidman) y su no tan exitoso marido (Mattew Broderick), cansado de vivir a la sombra de su mujer, le pide a esta que deje su trabajo y se vayan a vivir a un barrio en las afueras.lasmujeresperfectas_g Al llegar, en seguida se dan cuenta de la peculiaridad del barrio: todas las mujeres están siempre sonrientes y obedecen a sus maridos en absolutamente todo; además de ser perfectas cocineras, amas de casa, etc. Este hecho llama la atención de la protagonista, que se siente impotente al ver la fascinación y recelo de su marido ante la vida de sus nuevos amigos del barrio.
Mi pregunta es; ¿realmente esto es lo que se considera perfecto? Vivir con una mujer sin carácter, sin personalidad, que haga todo lo que quieras, sin poder enamorarte de sus defectos día tras día ni apreciar esas cosas que la hacen única. Puede que al principio esté bien; fuera discusiones, siempre obedientes y serviciales. Pero tanta perfección, al menos así pienso yo, acaba aburriendo. Al final de la película, cuando el protagonista se da cuenta que prefiere a su mujer con todas sus cosas buenas y malas, pero perfecta a su manera antes que a un robot perfecto, se puede ver que un mundo real, con personas reales es mil veces mejor y más interesante que ese mundo perfecto habitado por “robots” sin alma propia.

Mi puntuación a la película: potatopotatopotato.Pienso que no han sabido sacar todo el jugo al gran tema que tenían en manos, aun así me pareció bastante interesante.

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Distopía – Salvatore Nocerino


La guerra es la paz. La libertad es la esclavitud. La ignorancia es la fuerza.

Bueno, este es un tema que me gusta. En serio, me encanta.

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Hablamos de mundos perfectos, o que, al menos, lo parecen… Estas palabras del principio pertenecen al universo orwelliano (digamos que la obra ha superado a su autor), a ese hipotético ‘futuro’ de 1984. La distopía tuvo su esplendor en el siglo XX. Todas esas guerras, esos cambios, inventos, crisis y demás idiosincrasia única de esta pasada centuria crearon un caldo de cultivo perfecto para que surgieran las voces de alarma.Mentes brillantes que decían “¡Eh, cuidado, mirad cómo vamos a acabar de seguir por este camino!” Y así, tenemos 1984, Un mundo feliz, Fahrenheit 451 o La naranja mecánica dentro de la literatura; Metropolis, Blade Runner, Gattaca, Brazil o V de Vendetta en la gran pantalla… Ciertamente, un mundo (o más bien varios mundos) fascinante. Y sin embargo, no dejan de ser irónicas todas estas obras. Es paradójico que plasmemos nuestras preocupaciones de hoy en un futuro (además lejano, generalmente). En vez de hacer una crítica del presente y desde el presente, preferimos evadirnos para hablar -más objetivamente quizás- de la realidad, dando un rodeo que en principio puede parecer inútil. Puede que sea esta la forma más efectiva de hacerlo, la manera de calar más hondo en el lector/espectador, de hacer que algo se remueva en su interior por un momento y sienta miedo incluso de lo que está por venir. Quizás así se apresure por evitar que eso suceda, de la única manera que puede: desde el presente. Sí, quizás.

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¿Un mundo perfecto? – Inés Vargas


¿Por qué vemos películas que nos muestran mundos tan mutilados que las personas que sobreviven en ellos apenas lo consiguen? Quizás nos saben a poco los problemas que ya tenemos ante nosotros. Está tan trillado el tema de la contaminación que parece másuna moda anticuada que una amenaza hacia nuestra supervivencia. Entonces, ¿Qué hay en la destrucción, caos, muerte y peligro que nos incita a todos a hacer las maletas para irnos a uno de esos mundos post-apocalípticos que tan alejados se encuentran de la imagen que tenemos de un mundo perfecto?

Admitámoslo de una vez, vivir en un mundo perfecto es tan aburrido como mirar a tu abuela hacer ganchillo.

Queen hunger games

¿Qué puede compararse con una vida libre de prohibiciones en la  que cazas tu propia comida y te conviertes en una atractiva máquina de violencia coreográfica?

Sin duda la definición de Apocalipsis debería cambiar si estamos dispuestos y predispuestos a pasar por ella. ¿Para qué vamos a     negarlo? Si te crees que eres el único al que no le importaría participar en los juegos del hambre, quizás no te vendría mal hablar con unos cuantos miles de fans del libro o de la película. Igual incluso os ponéis de acuerdo y construís vuestro propio estadio. Aunque he de decir que, tras haberme leído la trilogía y haber pagado (un cierto infortunio que mi bolsillo me sigue reprochando) una entrada de cine para ver la adaptación, aquellos a los que no os importaría participar en los juegos del hambre, especialmente el género femenino, deberíais mejorar muestra comprensión escrita. Os diré una cosa: Peeta no os va a dar pan, ni siquiera quemado. En los juegos del hambre la gente mata, no comienza una relación sentimental. Así que dejad de imaginaros a vosotras mismas como unas rebeldes con lengua mordaz y un ingenio tan afilado que es capaz de desatar una revolución, porque todos sabemos que cualquiera de nosotros dedicaría más tiempo a llorar que a entrenar.

¿Por qué? Por que somos del Capitolio. La película de los juegos del hambre es exactamente lo que los habitantes de Panem veían desde sus casas. ¿Te divertiste viendo cómo se mataban y como se desvivían por mantener su integridad física? Quizás no te guste oírlo, pero no eres Katniss. Lo siento. Yo también me decepcioné al darme cuenta.

Pero, ¿qué ha pasado con eso de la libertad, lo salvaje? Todos sentimos alguna vez ganas de rescatar nuestro instinto animal de la opresión de la sociedad humana. No parece tan mala idea siempre y cuando no te desagrade el regustillo a radioactividad en la comida, la falta de sueño, la devastación, la soledad, la posibilidad de morir a cada instante, y otras múltiples nimiedades que, si eres un maniático como yo, harían que contemplases la posibilidad de volver al obsoleto mundo perfecto, a riesgo de aburrirte.

¿Por qué nos siguen gustando esas películas? Porque al final las cosas siempre les salen bien a los protagonistas, incluso cuando mueren, no lo hacen sin que alguno de los espectadores suelte alguna lagrimilla.

Así que, ¿estamos condenados a estar aburridos? No, estamos condenados a buscar formas de entretenernos (inconvenientes del tiempo libre), y esperemos que se nos ocurra una opción mejor que la de sumirnos en la destrucción. Puede que mirar a tu abuela haciendo ganchillo no esté tan mal después de todo.