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Los dos finales – Paula Magrinya


¿Cuántas veces nos ha decepcionado un final? Sitúate, estás leyendo un libro de más de 500 páginas; una novela intrigante, que retiene tu lectura pero cuando llegas al final ¡pluf! La magia desaparece.

Hace poco han estrenado en el cine Grandes esperanzas, una adaptación de la novela de Charles Dickens. Esta historia relata la vida de un joven llamado Pip que ha sido criado en una familia pobre que vive en el campo, pero su vida da un cambio radical cuando conoce a Estella y a su madre adoptiva, la señorita Havisham. Además aparece un misterioso benefactor que le paga a Pip la educación para convertirse en un caballero.

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La película en mi opinión no hace justicia al libro aunque debo decir que   Helena Bonham Carter está fantástica representando el papel de la señorita Havisham . Y ahora os preguntaréis: ¿qué tiene que ver Grandes esperanzas con un final decepcionante? Charles Dickens escribió un final distinto para esta novela; cuándo enseño la novela a un buen amigo suyo este le recomendó que escribiera  otro final, Dickens hizo caso a su amigo y concluyó el libro de forma    distinta.

Por lo que existen dos finales para Grandes esperanzas uno desgraciado y otro no tanto. (Alerta spoiler) En el primero no deja ninguna oportunidad a un reencuentro entre Pip y Estella: Estella es desgraciada y lo seguirá siendo, y Pip nunca estará a su lado. En el segundo se perfila alguna esperanza. Y ahora es tu momento de elegir que final prefieres, puesto que ambos son válidos.

 

Final 1:

Pasaron dos años antes de que la viera. Había oído decir que su vida era muy desgraciada, que se había separado de su marido, que la había tratado con gran crueldad, y que se había hecho famoso como compendio de orgullo, avaricia, brutalidad y bajeza. Me había enterado de la muerte de su marido (a causa de un accidente por maltratar a un caballo), y de que se había vuelto a casar con un médico de Shorpshire que no era rico, y que vivía de la fortuna personal de ella.

Volvía a estar en Inglaterra- En Londres, paseando por Poccadilly con el pequeño Pip (hijo de Joe y Biddy)- un día en que un criado vino corriendo tras de mí para pedirme que retrocediera unos pasos para ver a una señora en un carruaje que quería hablar conmigo. Era un pequeño coche tirado por un poni y la señora lo conducía; y la señora y yo nos miramos el uno al otro con apreciable tristeza.

-Estoy muy cambiada, ya lo sé; pero pensé que te gustaría estrecharle la mano a Estella, Pip. ¡Coge en brazos a este niño tan guapo y deja que le dé un beso! (creo que pensó que era hijo mío.)

Luego estuve contento de haberla visto; porque, en su rostro y en su voz, y en su manera de tocar, vi con seguridad que el sufrimiento había sido más fuerte que las enseñanzas de las señorita Havisham, y que le había dado un corazón con el que comprender lo que antes sentía el mío.

 

Final 2

            Había oído decir que su vida era muy desgraciada, que se había separado de su marido, que la había tratado con gran crueldad, y que se había hecho famoso como compendio de orgullo, avaricia, brutalidad y bajeza. Me había enterado de la muerte de su marido a causa de un accidente por maltratar a un caballo. Esta liberación ocurrió dos años antes y no sabía si se había vuelto a casar (…)

Ya no existía la casa, ni la fábrica de cerveza, ni construcción alguna, a excepción de la tapia del antiguo jardín. El terreno había sido rodeado con una mala cerca, y mirando por encima de ella observé que parte de la antigua yedra había arraigado de nuevo y crecía verde y lozana sobre el montón de ruinas. (…) Estaba contemplando el desolado jardín cuando descubrí en él a una figura solitaria. (…)

-Después de tantos años es raro, Estella, que volvamos a encontrarnos en el mismo lugar en que nos vimos por primera vez. ¿Vienes aquí a menudo?

-Desde entonces no había vuelto.

-Ni yo.

(…)

-Muchas veces había deseado volver, pero tantas cosas lo impidieron ¡Pobre, pobre lugar éste!-dijo Estella.

(…)

-¿Te preguntabas acaso, mientras paseábamos por aquí, cómo ha venido a parar este lugar a este estado?- añadió Estella, rompiendo el silencio que reinaba entre nosotros.

-Sí, Estella.

-El terreno me pertenece. Es lo único que no he perdido. Todo lo demás me ha sido arrebatado, poco a poco; pero pude conservar esto. Fue objeto de la única resistencia decidida que llegué a hacer en los miserables años pasados.

-¿Va a construir algo aquí?

-Sí. Y he venido a despedirme antes de que ocurra este cambio. Y tú, ¿vives todavía en el extranjero?

-Sí.

-¿Te va bien?

-Trabajo bastante, pero me gano la vida, por consiguiente… sí, sí me va bien.

-Muchas veces he pensado en ti- dijo Estella.

(…)

-El sufrimiento me ha roto y me ha doblegado, pero espero que me haya hecho mejor. Sé considerado y bueno conmigo como lo fuiste en otro tiempo, y dime que seguimos siendo amigos.

-Somos amigos- dije levantándome e inclinándome hacia ella cuando se levantaba a su vez.

-Y continuaremos siendo amigos, aunque estemos separados- dijo Estella.

Yo le cogí la mano y salimos de aquel desolado lugar. Y

tal como las nieblas de la mañana se levantaron, tantos años antes, cuando abandoné la herrería, se levantaron ahora las nieblas de la noche y, en la dilatada extensión de luz tranquila que me mostraron, no vi sombra alguna de separación.

(Fin del spoiler)

Grandes Esperanzas libro: potatopotatopotatopotato

Grandes Esperanzas película: potatopotatopotatosolo por la maravillosa actuación de Helena Bonham Carter.

 

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Gritar a un gatito – Inés Vargas


Si alguna vez has escrito algo sabrás que, tan difícil como importante es saber cómo empezar y acabar tu trabajo; A veces con tener un buen principio es bastante para conseguir que alguien quede irremediablemente enganchado al hilo que conecta cada una de tus palabras. 
Un buen final puede ir más allá. Si el principio se limita a la obra, un final es capaz de encerrarte en una jaula de incertidumbre en la que te revolverás durante las horas más filosóficas y frustrantes de tu existencia. Por suerte para nuestras (sinceramente) desentrenadas mentes, los buenos finales no abundan. Pero no sólo es difícil dar con una obra brillantemente terminada, sino que existe un cierto peligro generado por una práctica, en mi opinión, criminal, bastante generalizada. Quizás la hayas oído alguna vez bajo el nombre de “spoiler”. Consiste básicamente en desgarrar, mutilar y aniquilar la genialidad de esos finales magistrales tan escasos. Sería el equivalente a emborronar un minucioso trabajo a pluma. Tan frustrante como irreversible.
Por eso hay ciertas personas que deberían pasar por un proceso de aislamiento después de ver una película con el objetivo de minimizar las probabilidades de que caigan en la tentación de dicho perjurio.
No hay nada en este mundo tan cruel como privar a los demás de un buen final. Excepto gritar a un gatito. Gritar a un gatito es imperdonable.

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El Efecto Potter (Parte Dos)- Álvaro Vidal


En anteriores capítulos del Efecto Potter: Me quejaba de lo que fastidia que dejen las cosas a la mitad.

El ser humano ha creado cosas horribles: desde el reggaetón, Gandía Shore, o el control de alcoholemia (desde aquí mando mi más sincero apoyo a Leticia Sabater en su protesta) pero sin duda la peor de todas es el Efecto Potter, o básicamente dividir una película o un libro en dos, cuando es completamente innecesario. Puede que me haya pasado, pero peor que los lunes por la mañana sí que es. O casi.
Según un estudio del OETHSGGSARGWBATFSATHAHAAMITSUM (Te reto a que lo pronuncies sin parecer imbécil) éste efecto se ha incrementado desde 2011 en un 200,37%. ¿Es esto normal? ¿Qué nos tomen el pelo de ésta forma y que nosotros en vez de protestar, paguemos esos nueve euros extra que cuesta la entrada? La respuesta es que no.

Si ya nos tuvimos que aguantar con Harry Potter, y Crepúsculo (bueno ésta, sinceramente me daba igual) ahora tendremos que fastidiarnos con LJDH, Divergente, Hermosas Criaturas, Cazadores de sombras, Dora la exploradora (¿¡ES QUÉ NADIE PIENSA EN LOS NIÑOS?!) ¡y muchos bestsellers de dudosa calidad más!

No podemos permitir esto, hemos de alzarnos e iniciar una revolución. Como primer paso sugiero mandar nuestras quejas con el hashtag #STOPEFECTOPOTTER, y poner todas las quejas que tengamos. Luego ya podríamos proceder a manifestarnos en nuestras respectivas ciudades, quemar cubos de basura, asaltar Hogwarts…Y  demás parafernalia necesaria para detener esta abominación ¡UNÍOS A MÍ HERMANOS!.

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Ejem, ¿por dónde iba? Ah sí, acababa de perder mi dignidad.

Y ahora viene el punto donde “doy mi opinión” sobre las películas de las que he hablado. Pues a ver… he de reconocer que el Efecto Potter en HP les salió bien, porque realmente hicieron un final muy bueno. A pesar de todo, no me gustó nada la escena esa donde se les ve 19 años después. Cuando lo leí me los imaginaba como padres reales. No sólo los actores en esa parte no parecían padres (Porque tengan canas y arrugas falsas no van a aparentar 19 años más) sino que no actuaban cómo tales. Pero bueno aparte de esa escena el resto reconozco que me encantó. Le otorgo potatopotatopotatopotato       (sobre 5). Sin embargo, los Juegos del Hambre no me gustó tanto. El libro sí, mucho, pero la película…se me hizo muy larga e insípida. Me gustaron algunas partes, claro, pero luego estaban otras (como los efectos del vestido en llamas de Katniss) que dejaban mucho que desear. Y el realismo de esa distopía que consigue en el libro, la película no lo alcanza ni para atrás. Vamos, que el único que pasaba hambre en la película era el cámara, y se ve que entre bajón de azúcar y bajón de azúcar movía la cámara más que la Duquesa de Alba mueve la boca (metáfora de imagen visual nada recomendada). En definitiva que le doy potatopotatohalfpoint patatitas. La salva Jennifer Lawrence.

Y nada más. Ahora sí he de concluir esta entrada. Lanzo esta pregunta para que respondáis en los comentarios Define de 0 a “Querer sacar un bazooka y matar a todo el mundo”, el nivel de odio que sentiste cuando te dividieron el final de esa película de la que eras fan en dos. 

¡Hasta la semana que viene!

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¿ERA NECESARIO? – Irene Juste


(Mensaje del editor: Ve “Quiéreme si te atreves” y “Thelma y Louise” antes de leer esta crítica)

Todo tiene un final. Nosotros no podemos elegir cuál es el nuestro, quizá por eso nos guste tanto el cine; nos hace volar la imaginación hacia la historia perfecta con el final perfecto para esta. Sin embargo, parece que se ha puesto de moda entre las grandes producciones acabar sus películas con alguna muerte. Y mi pregunta es, ¿por qué? Ejemplos de ello son películas tipo Titanic, Brokeback Mountain o One day. Grandes películas que durante toda su trama te hacen soñar, disfrutar, te ponen los pelos de punta, vives las emociones junto a sus personajes y les coges cariño. Y entonces ¡zas! Muere alguno de sus protagonistas y el otro se queda solo y triste y todo acaba allí. ¿Realmente era necesario? Creo que no. Al menos a mí me deja como con ganas de más y me paso todo el día pensando en un final mejor. Toda la emoción que había sentido durante las dos horas de película se desvanece en ese instante. Una película no es más buena por cargarte a alguien; ¿o tanto nos gusta ver el sufrimiento ajeno? Sinceramente, pienso que este tipo de finales sobrecargan la película y le dan un toque de incredibilidad.

Sin embargo, después de estas nos encontramos con finales como el de Thelma y Louise que, tras darse cuenta de lo que les espera si se rinden, si se bajan del coche y aceptan su derrota después de haber vivido todo aquello juntas, de haber huido de la rutina de sus vidas, deciden seguir y tirarse por el Gran Cañón, sin tristeza, sin dolor, con una expresión llena de libertad en sus rostros.Imagen

Por otro lado tenemos Quiéreme si te atreves, con otro gran final en el que deciden acabar el juego que habían empezado desde niños juntos, sepultados bajo un bloque de hormigón. Y como dice el protagonista: “viviendo el sueño de un amor sin fin”. Puede que estas dos películas también terminasen con una muerte, pero son finales muy diferentes.

En las primeras comentadas se ve al final el sufrimiento de los protagonistas que aún quedan vivos; en cambio, en las segundas, se refleja un ansia de libertad, de felicidad, historias que no podían haber terminado de otra manera, que te dejan perfectamente satisfecho, convirtiéndolos así en finales perfectos.

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¡LA MADRE! – Salvatore Nocerino


(Mensaje del editor) ¡Atención! La siguiente crítica contiene un spoiler. Y de los gordos.

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¡LA MADRE! Cualquier friki de Cómo conocí a vuestra madre conocerá aquello de “Ey, ¿conoces a Ted?”. Lo repiten todas las temporadas, y cada vez pienso lo mismo: ¡Sí, le conozco!¡Quiero conocer a la madre ya!Bueno, pues después de ocho temporadas enteras, por fin hemos visto algo más que el tobillo, las botas, el paraguas o la vaga silueta de la famosa madre. Después de ocho temporadas, por fin, ¡la hemos visto a ella! ¡POR FIN! Ahí la tenéis. Parece que ya se acerca el final de la serie, con una sola temporada más, que se presenta bien cargada. Y de esto quería hablar: ¿Por qué ese final de temporada? Sinceramente, no me ha dejado demasiado contento, aunque lo de enseñar por fin a la famosa madre se agradece, y mucho. Por otra parte, la próxima temporada, se situará exclusivamente en el fin de semana anterior a la boda, aunque hablan de episodios no lineales, y de que el personaje de Cristin Milioti (la madre) aparecerá regularmente. ¿Pretenden enseñarnos el momento ‘mágico’ en el que se conocen en el último minuto del último capítulo? ¿O alternarán entre el fin de semana anterior a la boda y los momentos posteriores, cuando ya se han conocido? Bueno, y sobre la bomba de la temporada, la madre, ¿qué opináis? Personalmente, creo que es un poco fea (¿un poco solo?), pero bueno, para gustos los colores. Veamos qué nos espera en la novena y última temporada.

 

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El Efecto Potter (Parte Uno) – Álvaro Vidal


De los creadores de esa película tan larga que ganó un Óscar, y de la escritora de la saga que hizo que los adolescentes dejaran las drogas para leer, llega el épico final del fenómeno mundial. –La música de fondo empieza a sonar más fuerte- La batalla comienza.– Y cuando las fans están ya arrancándose el pelo, y mojando las bragas de la emoción, la voz en off pronuncia esa frase, esa horrible frase- (Insertar aquí el título de la película) PARTE UNO”
-¿Perdona? ¿Parte uno?- Dice entonces esa negra aleatoria sacada de una sitcom americana, con un brazo apoyado en la cadera, y moviendo el dedo índice (véase imagen adjunta)Imagen – Hermano, no llevo esperando un año desde que salió la última película para que tú “gran empresario de Hollywood” sólo por llenarse los bolsillos de dinero, me haga tragarme dos partes de tres horas cada uno, donde los protagonistas están o bien mirándose fijamente tres cuartas partes de la película (véase http://www.youtube.com/watch?v=TpU5O_Uur_c) , o corriendo por un país con un nombre absurdo o…-Aquí la negra en cuestión coge aire- Vamos, resumiendo que se meta sus secuelas por el el cu…

Lo sé, lo sé, puede que me haya pasado un poco con lo de los finales, pero es que últimamente se está poniendo de moda lo que los expertos llaman el Efecto Potter es decir dividir el final de una saga de películas en dos, para ganar más dinero, lo cual fastidia muchísimo. 

Y como protesta a esto, os voy a hacer esperar unos días para saber cómo acaba esta entrada. JÁ.
Continuará…

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Algunos Finales -Ignacio Blanch


“If you want a happy ending, that depends, of course, on where you stop your story.” – Orson Wells.

Porque, ¿Quién dijo que un buen final debe ser un final feliz?

Yo soy de esos que opinan del libro o la película por el final que tienen: puede haber sido de los mejore escritos que haya leído, que si el final no me llega, no pienso que haya valido la pena leerlo. Al fin y al cabo, leemos libros, vemos películas, contamos historias, siempre, con el firme propósito de concluirlo todo. ¿Quién no se ha emocionado con algún libro, en cuyas últimas páginas se iba esbozando la esbelta y presuntuosa figura de su conclusión? Todos lo hemos hecho, porque aunque muchas veces tengamos la incesante convicción de que no debe acabar, admiramos lo firme e inapelable que es, que no considera ninguna de las situaciones por las que nuestros protagonistas puedan estar atravesando, sino que simplemente pone el punto y final, y despide la compañía del lector y sus personajes, incluso después de siete entregas, como ocurrió en la aclamada saga mundial Harry Potter (cuyo final por cierto detesto), en la que Rowling no tuvo menor reparo en abandonarnos para siempre, de una manera bastante basta y poco original, y sobre todo poco merecedora del colofón que la serie ameritaba.

Pero, ahora pensemos bien en los finales de todas las cosas: ¿Por qué se ha puesto tan de moda eso de acabar las películas y sobre todo las series, de una manera “inconclusa”? Nada de inconclusa… Indignante es la palabra. Indignante es que te tengan cuatro temporadas y muchas veces todo acabe con un simple: “¿Te apetece un café?”; ¡No no no! no cualquiera sabe terminar algo de manera inconclusa, y hay que dejar que lo hagan los pocos privilegiados que pueden: ahí está Christopher Nolan y su peonza, por ejemplo… pero que no se generalice, porque no hay nada que reconforte más que un grandioso y bien cerradito final, el colofón a tantas páginas de sufrimiento en algunas ocasiones y recuerdos felices en otras. Incluso hay obras que giran entorno al final en sí, véase el caso de “Benjamin Button”, o yendo a palabras mayores, “Cien años de soledad”, en cuya novela García Márquez gira entorno a ese grandioso, esplendoroso y tristísimo final: “…todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”

Hay así, libros cuyos comienzos son en sí el final mismo, obras que giran entorno a un final que pretenden evitar, finales que dan tregua en muchas ocasiones a dramas y violencias, principios que se desarrollan en mismos lugares y situaciones que sus finales… Incluso comienzos que son idénticos a su conclusión.

A partir de ahora empezaréis a daros cuenta de lo mucho que admiro los microcuentos y microrrelatos, esos cortitos y no por ello menos fabulosos escritos, cuyo éxito depende siempre del final que tengan. Impactantes y tristes suelen ser los más recomendados y usados por todos, aunque creo, particularmente, que los mejores son los sentimentales. Pero sentimentales, ni buenos ni malos, ni tristes ni alegres, ni acertados ni desacertados, ni correctos ni incorrectos. 

Qué os deis cuenta de que solo unos poquitos de entre los cientos de términos que hay, valen la pena… solo algunos finales, como este:

“Era tu padre. Estaba igual, más joven incluso que antes de su muerte, y te miraba sonriente, parado al otro lado de la calle, con ese gesto que solía poner cuando eras niño y te iba a recoger a la salida del colegio cada tarde. Lógicamente, te quedaste perplejo, incapaz de entender qué sucedía, y no reparaste ni en que el disco se ponía rojo de repente ni en que derrapaba en la curva un autobús y se iba contra ti incontrolado. Fue tremendo. Ya en el suelo, inmóvil y medio atragantado de sangre, volviste de nuevo tus ojos hacia él y comprendiste. Era, siempre lo había sido, un buen padre, y te alegró ver que había venido una vez más a recogerte.”
Carlos Alfaro