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El Frenesí Dorado de la Humanidad


“El futuro orgiástico que año tras año se desvanece ante nosotros se nos escapa ahora; pero no importa, mañana correremos más rápido, alargaremos más los brazos…”

 

Todos hemos aprendido a perdernos en los deleites propios del ser humano. Todos hemos contemplado con incierta devoción los placeres inherentes a la actividad del mundo, que nos maravillan, que nos llenan, y que alejan a todos los problemas como si de un dulce destilado se tratara … y al final se necesitan, y son la propia perdición para los propios creadores, y al término te llevan a la locura.

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Propios de estos, y que sepamos de la suntuosa y perpetua genialidad de algunos pocos hombres que han contribuido al desarrollo del ser humano en sus cualidades más innatas y perfectas, son el amor, la música, la literatura y el cine (si no es este literatura interpretada por uno para muchos). Y Gatsby es en sí amor, lucha por amor y su fin es amar siendo amado, y es literatura, y habla con una corrección desmesurada como si fuera a extasiarte con su léxico y su sintaxis y que hace que todo lo que dice sea mas bonito, mejor, mas perfecto… Y Gatsby es cine, porque su vida es un dramático teatro avocado a un trágico e inmisericorde final, inapelable y rotundo. Y Gatsby es música, es fiestas barrocas, es frenesí de ideas y culto de devociones. Así que podemos decir que Gatsby es la creación más perfecta del hombre más humano, mas propio y mas atado a sus locuras, que son al cabo sus sentimientos… Que ni sabe ni quiere dominar. Y que como sabida conclusión de toda una vida dedicada a los placeres más humanos, está loco, y ata en la locura a los que lo rodean. Y estos aprecian cierta envidia en su locura, y quieren en parte disfrutarla… Pero una vez dentro, ya no son capaces de vivir sin ella, y no pueden salir, y se ahogan en el dulce, cada vez más dulce, de su cada vez más destilada bebida de los placeres del hombre.

Y esto es Gatsby. Fiesta barroca mezclada con el incoherente renacimiento y refinamiento del ser humano. Y es tal la magnificencia de su vida, es tanto el dinero y las fiestas, es tanto el placer mundano y el derroche, es tanta la devoción que le presta al amor y al ser amado, que fracasa en el intento de vivir. Porque hay algo ahí fuera que no permite que nos realicemos al completo por nosotros mismos en los placeres de nosotros mismos. Porque estamos avocados a no alcanzar nunca el final, sino siempre perseguir ese estado de equilibrio entre lo exacto, lo perfecto y lo irrefutable, con lo humano, el error y el placer subjetivo. Y no hay nunca que pecar de exceso ni de defecto… Porque no hay que ser Gatsby. Porque aunque conozco vuestros pensamientos anhelando la vida perdida del Gran millonario en el frenético vaivén de Nueva York, sabéis que es nocivo, y que ser tan fiel a todos los mencionados placeres solo consigue una cosa: acabar con tu vida. Y este fue el sino de Gatsby. Y durante toda la eternidad seguiremos recordando a Gatsby en un incomprensible esfuerzo por tocar la luz verde al final del embarcadero… Y nos preguntaremos siempre, por los siglos de los siglos que siga esta novela de Scott Fitzgerald entre nuestros placeres, si de verdad merece la pena tanto, tanto, tanto. Tanto esfuerzo que te deja exhausto, por el amor de una mujer. Y será esta obra en su genialidad la que perdure y nos guíe por siempre en la mesura y la razón de los placeres del hombre.

 

“…Y así seguiremos, navegando, barcos a contracorriente, devueltos sin cesar al pasado.”

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Sofia Coppola…¡CULPABLE! (O cómo sumarse a la lista de directores cuyas películas son peores que sus tráilers)


Es de noche. Podemos oír un coche que se acerca. Alguien se baja de él. Son cinco adolescentes, pero no podemos distinguir sus caras. Aún. Se acercan  procurando no hacer ruido a la verja de lo que parece ser una mansión, y uno a uno la van saltando. Se ponen las capuchas de sus sudaderas para que la cámara de seguridad no les grabe, y van andando hacia atrás hasta la lujosa vivienda. Buscan una entrada y la encuentran. Y pum, empieza a sonar Crown on the Ground a todo volumen. Créditos iniciales. Parece un buen comienzo ¿no? Pues sí, pero será una de las pocas escenas interesantes que nos dará Sofia Coppola con su última película, The Bling Ring.


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El tema de esta semana es “Crimen y Castigo” y sí, en efecto The Bling Ring narra los sucesos reales de unos criminales un poco diferentes, una banda de adolescentes un poquillo obsesionados con el estilo de vida del derroche y la fama, que localizaban las casas de algunas de las estrellas más famosas de Hollywood por internet, y usando también esta herramienta, se aseguraban de cuando no estaban en casa para aprovechar y robarles.

Cuando leí la trama de la película, me pareció que Sofia Coppola, sabría manejarla bien, y hacer una buena crítica de ese estilo de vida excesivamente materialista y sin embargo ¿qué nos encontramos con The Bling Ring ? Pues algunas cosas bien hechas, y otras mal (muy mal) hechas, siendo el balance final de la película, en mi opinión, negativo. Lo mejor de la película son su banda sonora y las actuaciones en general, destacando a Emma Watson (cómo no) que consigue bordar el papel de la vacía y falsa Nicki (en la vida real Alexis Neiers), Israel Broussard y a Leslie Mann. Ah y Emma Watson bailando en la barra de stripper. Y lo peor todo lo demás, que en cierta forma, son las pruebas que podríamos presentar si quisiéramos acusar a la señorita Coppola de desperdiciar lo que podría haber sido  una cinta medianamente aceptable.

Prueba A: El guión es repetitivo. Muy repetitivo.

Uno se desespera cuando llega la mitad de la película, y sigue pasando lo mismo una y otra vez.  Como diría Homer Simpson “Me abuuuuuuurro”

Prueba B: ¿Cuál es la intención de Sofia?

No, en serio, ¿está alabando el estilo de vida o está criticándolo? Debería mostrarnos más claramente su postura, porque ciertamente parece muy ambigua.

Prueba C: Personajes más planos que Keira Knightley

Vale, es cierto que unos chicos que viven por y para la ropa, que se dejan grabar por las cámaras de seguridad, que presumen de haber robado a sus estrellas favoritas y luego en los interrogatorios afirman que son inocentes, muy profundos no pueden ser, pero podría habernos explicado por ejemplo, por qué son así.

Prueba D: Se ha pasao’ de glamour

Los ladrones reales no eran tan elegantes ni atractivos como se nos muestran (aunque supongo que esta prueba no es válida ya que es aplicable a toda película americana basada en hechos reales) como podéis juzgar vosotros mismos.

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Los miembros reales de “The Bling Ring”


En definitiva, que Sofia Coppola es CULPABLE, (golpes de martillo de juez) de haber hecho una película peor que su tráiler y que el artículo de Vanity Fair en el que se basa, además de homicidio de ideas con futuro en primer grado.

Y tú, ¿tienes alguna prueba o testigo más que pruebe la inocencia o que confirme la culpabilidad de la señorita Coppola? Si es así, házmelo saber en los comentarios, o contesta en la encuesta que hay aquí abajo.

Álvaro Vidal

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La D es muda, paleto. – Los sábados de Inés


Django_desencadenado-290414411-largeParece mentira que yo, que os acusé a todos de ser cobardes en mi última entrada, esté ahora temblando de miedo ante la idea de publicar esta entrada, y todo porque se me ha ocurrido la fantástica idea de hablar sobre la última película de Tarantino: Django desencadenado. Y es que cuando se trata de Tarantino parecen existir dos opiniones posibles: o lo idolatras o lo detestas. Así es como parece que funcionan las cosas, pero siendo de esta manera, ¿Como se supone que voy a hacer una crítica?

En fin, aguantadme (y aguantaos).

 

Django desencadenado dura casi tres horas; exactamente 165 minutos. Y, por si alguien no se ha parado a pensarlo, eso es mucho tiempo. Yo intentaré ser más breve:

 

El principio es estupendo. No soy muy fan de los spoilers, así que os ahorraré el momento narrativo: simplemente empieza bien, y sigue bastante bien hasta el final.

Sin duda la película no sería nada sin el personaje -supuestamente secundario, aunque muy protagonista- del doctor Schulz. Está interpretado por el actor Christoph Waltz, uno de los favoritos -con razón- de Tarantino. Es un personaje muy bien construido y con suficiente carisma como para no olvidarlo. Ni a él ni a su caballo.

La actuación de Leonardo DiCaprio también es digna de ser mencionada, porque, aunque no sea ninguna sorpresa, lo borda. Lo mismo ocurre con Samuel L. Jackson, el cuál ya protagonizó Pulp Fiction, dejándonos algunas frases inolvidables, y que esta vez hace un papel más secundario, pero igual de inolvidable.

Pero si hay algo que de verdad haga que las tres horas merezcan la pena es el guión. Tarantino siempre ha sabido hacer algo bien, y esto es no ser políticamente correcto (ni se sabe cuantas veces se dice la palabra “nigger” en la película), y sobre todo no pretende dejar contentos a todos. Y eso es lo mejor. “Django desencadenado” es una película descerebrada, pero sólo en apariencia, de la misma forma que “Malditos bastardos”. Ambos tratan los temas más espinosos de la historia de la humanidad, y Tarantino los narra con la mayor irreverencia. De lo más estimulante.

Un punto interesante es la -pintoresca- música de la película. Tarantino se la jugó con los anacronismos, y creo que no ha salido mal parado. Aunque resulta un poco chocante escuchar rap en un Western, le da una nota de discordia a la situación que acaba por lograr que la música encaje en la escena.

Hasta aquí todo bien, pero para los que no sean muy amigos de la violencia gratuita, con saber que la película es de Tarantino, seguramente ni se lo piensen dos veces. Así es: parece imposible imaginar una película de Tarantino en la que no haya sangre y tripas volando por los aires. No os voy a engañar, como marca de la casa esto no podía faltar, y de hecho no falta, pero en algunos momentos da la impresión de que se está intentando controlar. En cualquier caso, es algo que se asume cuando el director es nuestro estimado Quentin.

La última media hora de la película resulta un poco más predecible y prescindible, pero merece la pena, y por eso se lleva 39 patas de 50, que viene a ser un 8 sobre 10.

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Castigo…¿y crimen?


Muchos han hablado del castigo ante un crimen; ya sea uno de tal tamaño como el asesinato, como el simple hecho de haber robado una chocolatina en una gasolinera. Cada crimen, según sea su medida, tiene su manera de ser sancionado.
Pero, ¿y si se castiga por un delito que no se ha cometido? Pero no una sanción pequeña, no. Sino una de las típicas que tanto gustan a los americanos, como cadena perpetúa o ya hablando en palabras mayores, la pena de muerte. Tan solo pensar en un castigo así a alguien inocente hace que se te pongan los pelos de punta, y esto es algo que saben los directores de cine. Por eso aprovechan este hecho, este interés de las personas por ver sufrir a alguien inocente y pasarse toda una película derramando lágrimas, con la creación de grandes producciones como “Cadena perpetua” o “La milla verde”. Dos grandes ejemplos de terribles sanciones a gente inocente.
Estas dos increíbles producciones, cada una tratada de una manera específica, pero haciéndonos sentir mil emociones durante todos sus minutos, saboreando cada momento de ellas sin poder siquiera pestañear. Hay que decir que el tema en sí elegido en ellas ya es algo que atrae, pero si además sabes sacarle el jugo como ha hecho Frank Darabon (Curiosamente director de estas dos películas, las cuales también están las dos basadas en novelas del gran Stephen King) acabas teniendo una obra maestra ante tus ojos.
Empezando por Cadena perpetua, decir que te engancha desde el primer momento, y a medida que transcurre va haciéndose cada vez más y más buena dejándonos con un final que te deja pensando en ella durante horas. Todos los que la hayan visto estarán de acuerdo conmigo con que es una de las mejores películas de la historia del cine. Y si además le añadimos que el gran Morgan Freeman es uno de los actores de ésta, no cabe duda de que es digna de ver. Querría destacar un momento particular de la película, el protagonizado por el hombre más anciano de la prisión. Ese momento me cautivó, entró en mí como una flecha y aún después de tanto tiempo desde la primera vez que vi la película me sigue dando que pensar. Sin duda, mi momento favorito de toda esta magnífica producción.
Prosiguiendo con La milla verde, otra increíble película que, además de hablarnos de un castigo a alguien inocente, nos regala un poco de magia para dejarnos soñar y recordarnos que aún hay un poco de humanidad incluso en las personas más dolidas. Con un final totalmente diferente al de Cadena perpetua (he de añadir que, personalmente, me gusta más el final de la otra) y un poco más previsible, pero que también nos hace disfrutar y tener mil emociones a la vez desde el primer minuto de ésta hasta que la pantalla se cubre totalmente de negro.
Dos producciones dignas de ver, con grandes repartos, un muy buen director y el gran Stephen King como escritor de las novelas en las que se basan. Si con todo esto no dan ganas de empezarlas a ver, sinceramente me retiro.
Para concluir mi crítica, una de las mejores frases de Cadena perpetua: “Lo más gracioso es que cuando entré en prisión, yo era un hombre bueno y honrado; y aquí, me he convertido en un ladrón.”
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Crimen Y Castigo


“… Y aunque del título se infiera, por aquel necio de las artes literarias, por ignorancia histórica o por simple embrutecimiento, que vamos a tratar de Lope de Vega, o sus contemporáneos… que vamos a matar a una doncella, que un rey se va a cobrar la vida de sus sirvientes o que un héroe enfrentará a su Fatum, debéis saber que no es este solo un tema épico.”

Al contrario, nos ha acompañado siempre, y los más grandes directores, guionistas y productores de hoy por hoy recurren con abrumadora facilidad a este final. Porque nos encanta. Nos apasiona impartir justicia y que el malo salga mal parado y el bueno bien avenido. Porque somos así. Porque nos gusta castigar. Como cada Lunes, os ilustro con uno de mis gustos en materia literaria y/o de cine, y hoy vamos a ver que no puede ser otro mas que Woody Allen mi guionista favorito de todos los tiempos.

El neoyorkino escribió y dirigió “Match Point” que fue estrenada en todas las grandes pantallas del mundo con gran devoción y asombro del público en dos mil cinco. Gran película esta… mas no por ello con un final feliz, o más bien, ético. Resulta esta la antítesis del tópico crimen-castigo. Porque no solo el protagonista asesina una vez.. ¡Sino dos! Y es tal la impunidad, es tal el azar, la violencia y el drama… es tal la genialidad del guión, que consigue que te pongas de su parte. Y esto, mucho más lejos de las técnicas corrientes, es en si una innovación, que te mantiene en vilo hasta el mismo minuto final.

Tras la exultante genialidad de esta película, inmoral, antiética, infame… Allen se lanza a su tercer film en su periodo de estancia Londinense.  Tras la no mala prueba de “Melinda & Melinda”, la extraordinaria crítica y el pasional recibimiento del público británico de “Match Point”, su primer thriller, (que ya es en sí un un sinfín de cumplidos, pues no es éste un público fácil), se lanzó en dos mil seis a por “Scoop”. Protagonizada también por la eterna actriz de Woody, Scarlett Johansson, la película plantea con exquisita sutileza justo lo contrario que en su anterior título. Es más, me atrevería a decir que es la misma historia, y que solamente han cambiado las circunstancias y los personajes (entre los que él mismo se incluye, por cierto). Y aquí llega el castigo seguido de la venganza. Porque ninguna injusticia puede jamás quedar impune. Suficiente tenemos con el mundo real. Y esta película, mas pobre en sus interpretaciones debo decir, quizá ensombrecida por su predecesora, es el final moralmente aceptable de “Match Point”. Aunque cuesta mucho (como se hace ardua en la anterior la tarea de que el asesino no sea descubierto), termina cayendo el malo. Porque es inherente al ser humano, siempre con esa necia necesidad de castigar y concluir las cosas así… en fin, aunque no comparta vuestra necesidad de terminarlo todo bien (siendo esto comprensible pues siempre se sabe entonces como van a acabar las cosas), debo reconocer que sin esta película, “Scoop”, habría quedado para mi bajo sospecha el impoluto historial de finales éticos del señor Woody Allen… Y eso habría sido un crimen, ensuciar su nombre y su reputación. Y bien sabemos ahora, que todo crimen se cobra su venganza.

 

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Cobardes e Insensatos – Sábados de Inesa


La verdad es que las segundas partes dan miedo. No sólo aquellas que pertenecen al género del terror. No, no, no. Estoy hablando de SEGUNDAS PARTES.

Todas ellas son aterradoras, pero no por su argumento. Es por el hecho de ser segundas partes, y esto lo digo muy seriamente: el que no haya temblado un poquito al enterarse de que están haciendo una segunda parte de algo que le gusta es un insensato.

¡Sí, insensato!

Sin embargo las segundas partes también presumen de un cierto atractivo inherente a su condición de…pues precisamente, ser segundas partes. Resulta bastante lógico pensar que nadie se molestará en ver la segunda parte de una película que no le gustó desde el principio. De nuevo, no. El hecho es que los humanos somos un poco contradictorios, y decidimos tragarnos las dos horas que dura la estúpida película. Pero a parte de esta vergonzosa exhibición de irracionalidad, la cosa no va más lejos. Al fin y al cabo, todos estamos acostumbrados a las malas películas.

El asunto se pone un poco más difícil cuando se trata de la segunda parte de una película (o libro, que parecen desterrados de esta entrada), que verdaderamente te gustó.

En el momento en el que la idea de una segunda parte empieza a cobrar forma es cuando te das cuenta de lo peligrosa que es en realidad. Es como si hubiese llegado el momento de colocar la última carta en un enorme castillo de naipes: un movimiento en falso y todo se convertirá en un revoltijo de desilusión.

Sin embargo la promesa de una continuación es un verdadero salvavidas de esperanza al que poder aferrarte cuando se acaba un libro que te gusta.

Todos sabemos lo doloroso que resulta descubrir que las páginas leídas superan los tres cuartos del total. Algunos incluso se lo toman tan mal que deciden no acabar nunca el libro para no tener que enfrentarse con un punto y final.

Por eso nos emocionamos tanto al descubrir que ese “punto y final” es más bien un “punto y continuará”.

Lo que está claro sin excepciones es que las segundas partes son un reencuentro -a veces decepcionante- con una historia que formó parte de tu vida.

Me parece oportuno citar la frase de “la curiosidad mató al gato”. Porque es precisamente lo que suscitan generalmente las segundas partes: curiosidad. De hecho muchas de ellas carecen de razón de ser, pero acaban siendo, y en el mejor sentido; es decir, siendo buenas.

Así que si sois gatos no parece muy recomendable arriesgarse, pero como nunca he oído “la curiosidad mató al hombre” no creo que haya mayor peligro.

Por eso cuando tengáis que veros las caras con una segunda parte, recordad que no somos gatos, somos hombres y el hombre no murió de curiosidad, sino de aburrimiento.

 

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Como no podía acabar la entrada sin recomendaros algo y no he encontrado ningún momento oportuno para hacerlo, tendréis que perdonarme, porque lo voy a poner aquí:

Hoy os traigo dos libros, en mi opinión, poco habituales. Son “Las ovejas de Glennkill” y, como no podía faltar, su segunda parte, “¡Que viene el lobo!”

Ambos muy originales y muy difíciles de explicar sin que parezcan ridículos, así que os ahorraré el momento incómodo.

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No hay dos sin tres -Salva


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Seguramente, cuando oímos hablar de “segundas partes”, pensamos en películas que, aprovechando el tirón de las primeras, sacan algo que hacen llamar la ‘continuación’. Todo sea por estirar el chicle, vamos. Parece algo nuevo en el mundo del cine, pero lo cierto es que esta estrategia lleva ya sus años llenando los bolsillos de directores ambiciosos.

Sin embargo, no todas tienen por qué ser malas o mediocres. Hoy, por ejemplo hablaré de El Padrino II y, poniendo ya un ejemplo de terceras y horribles partes, El Padrino III -son películas más bien viejillas-.

Bien, si vemos El Padrino…. ¡oh! Solo decirlo ya impone, aquello sí que fue una película en condiciones. El Padrino II… ¡gran película! Aquella trama, perfectamente encajada, compleja, retorcida como la mafia misma. Los Corleone podrían ser tan reales como cualquiera de las familias que gobernaban Nueva York y Las Vegas en aquellos melancólicos 40, 50, 60… Eran tiempos buenos, de tiroteos en el Bronx, droga ilegal pasando por el puerto hacia los colegios y el imperio del juego emigrando a tierras lejanas. La historia habla del ciclo de la vida misma: hoy en lo más alto, mañana al borde del precipicio, pasado abajo. Todo contextualizado, por supuesto, dentro de ese ambiente siciliano que invadía las tradiciones y hasta el lenguaje de los protagonistas. ¡Pobre Kay, esa yanqui intentando encajar en el impenetrable universo aromatizado del inmigrante italiano! Ya te lo advirtieron, “no te metas en mis asuntos, Kay.” Las cintas están llenas de frases para el recuerdo, de consejos para la vida -bueno, para una vida de dudosa reputación-, como esa sabia respuesta de DON Vito, “mantén a tus amigos cerca, pero a tus enemigos aún más cerca”. ¡Qué grande!

Y sin embargo, llegamos a El Padrino III, esa gran, gran m****a. Cuando la veo, siempre me pregunto: ¿por qué? ¿POR QUÉ? ¿En serio era necesario? La primera y la segunda eran perfectas, perfectamente unidas y encajadas, pero la tercera… Todavía no sé muy bien “de qué va”. “Como ya no había nada que contar sobre los Corleone, hablemos sobre su infancia”, debieron pensar los guionistas. Y así nació esta aberración cinematográfica que nunca debió haber visto la luz del día. Eso si, hay una cosa, una única cosa con la que me quedo de esta gran basura, una de las mejores escenas de las tres películas -una aguja en un pajar, visto lo visto-, ese épico final. (SPOILER) La salida de la ópera, el disparo, el grito de dolor, sentido, real, casi conmovedor, ese grito cierra una saga que podría haber acabado veinte años antes. Probablemente Michael gritó así al ver lo que habían hecho con su historia, probablemente…