Gritar a un gatito – Inés Vargas


Si alguna vez has escrito algo sabrás que, tan difícil como importante es saber cómo empezar y acabar tu trabajo; A veces con tener un buen principio es bastante para conseguir que alguien quede irremediablemente enganchado al hilo que conecta cada una de tus palabras. 
Un buen final puede ir más allá. Si el principio se limita a la obra, un final es capaz de encerrarte en una jaula de incertidumbre en la que te revolverás durante las horas más filosóficas y frustrantes de tu existencia. Por suerte para nuestras (sinceramente) desentrenadas mentes, los buenos finales no abundan. Pero no sólo es difícil dar con una obra brillantemente terminada, sino que existe un cierto peligro generado por una práctica, en mi opinión, criminal, bastante generalizada. Quizás la hayas oído alguna vez bajo el nombre de “spoiler”. Consiste básicamente en desgarrar, mutilar y aniquilar la genialidad de esos finales magistrales tan escasos. Sería el equivalente a emborronar un minucioso trabajo a pluma. Tan frustrante como irreversible.
Por eso hay ciertas personas que deberían pasar por un proceso de aislamiento después de ver una película con el objetivo de minimizar las probabilidades de que caigan en la tentación de dicho perjurio.
No hay nada en este mundo tan cruel como privar a los demás de un buen final. Excepto gritar a un gatito. Gritar a un gatito es imperdonable.

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2 comentarios en “Gritar a un gatito – Inés Vargas

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